Se me ocurre que el caso Lunati de este fin de semana puede ser un buen método de enseñanza para aprender qué hay que no hacer. En este sentido, en el último partido Lunati dio cátedra y demostró que si está jugando en primera es –como mínimo- porque no había otros. Conceptos básicos y muy difundidos por el Departamento de Formación Arbitral (que tiene a Elizondo al frente) como el trabajo en equipo, lectura de juego y espíritu del deporte fueron olvidados por el árbitro.
Si bien el espíritu del reglamento favorece al juego, a hacer rodar la pelota y ante la duda favorecer el juego (como por ejemplo no sancionar posición adelantada si no es con seguridad) no podemos condenar a Lunati por no dar gol en el remate de Núñez. Tal vez sí se le puede criticar la distancia de la jugada en la que estaba. Después de esa jugada el clásico no tuvo demasiadas exigencias. Es cierto que la infracción de Cáceres sobre Gandín bien hubiera merecido una amonestación, pero eso sería hilar muy fino.
El corazón del conflicto y la enseñanza que nos deja Lunati aparece en la entrada de Montenegro sobre Paletta. La acción del hombre de rojo ilustra a la perfección lo que es un “uso excesivo de la fuerza” lo que el reglamento condena con una expulsión sin atenuantes. En esa acción el árbitro dudó y esperó demasiado como si fuera necesario ver la evolución del defensor xeneize para tomar una determinación. En el fútbol se ha instalado la idea de que las tarjetas –o sanciones disciplinarias- deben hacerse cuando el jugador está parado. Esto es una antigua concepción. Hoy se sobreentiende que lo único necesario es que el jugador se de cuenta de la sanción que está recibiendo, por más de que esté arrodillado, agachado o tirado boca arriba. Justamente lo que se busca es evitar lo que terminó pasando: incertidumbres y descontroles. Si el primer error entonces fue el no expulsar a Montenegro, el segundo fue no amonestarlo en el momento. A partir de esto se desencadena lo más grave. Paletta y Montenegro ingresaron en el campo de juego. Esta acción no habría sido advertido por el árbitro, pero sí por uno de los árbitros asistentes. Lo curioso es que este no se lo indicó en el momento, como corresponde, sino que esperó a que el partido se detuviera. Y no sólo eso, sino que también esperó a que Lunati amonestara a Montenegro. Una vez que ya había pasado todo eso, antes de que Independiente ejecute un tiro de esquina, el asistente cometió el peor error que un asistente puede cometer: querer tomar protagonismo.
Seguramente este hombre, cuyo nombre no recuerdo a pesar de pertenecer a mi gremio, pensó para adentro ‘con este físico que tengo estoy condenado a ser un línea de por vida y a no romper con el anonimato’. Así se devoró sus treinta segundos de fama y llamó a Lunati, olvidando la primera línea del reglamento que se refiere a su persona. Ahí se indica que el árbitro asistente colaborará con el árbitro en todo aquello que este no haya visto. Así dadas las cosas resulta poco creíble que Lunati no haya visto a Montenegro al amonestarlo. Entonces, ¿qué tiene que decir el asistente?
A partir de ahí se desencadenó lo peor que puede hacer un partido: manejar un resultado. Consciente del error que había cometido Lunati se abrazó al empate. Por eso dio infracciones a favor de Independiente en posición defensiva siempre que pudo y trató de que el partido no se jugara en las áreas. Lo tuvo que hacer en medio de un clima hostil. Los jugadores de Independiente habían quedado demasiado descontrolados. Hizo lo que pudo, aunque su error era irreparable y lo que venía siendo un partido muy entretenido de fútbol terminó siendo un partido chato dirigido por un improvisado árbitro.
La posterior expulsión no fue más que una consecuencia lógica del descontrol. La imagen del diario
El diálogo en el vestuario del árbitro entre Pusineri y este habría girado en este entorno. El capitán rojo, luego de la expulsión de Montenegro, habría canjeado el no declarar con demasiada vehemencia en contra de Lunati por un informe ambiguo de la expulsión de Rodríguez para que la suspensión no supere las cuatro fechas lógicas.
Una vez más la pelota perdió. Terminó triunfando el desubique. Tal vez sea una buena lección para entender qué es lo que no hay que hacer.
1 comentario:
me encantó la foto de las toritas.. jaja
lapache
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